Ante estos resultados, la comunidad científica se preguntó si dichas habilidades eran realmente producto de un entrenamiento o más bien características especiales de esos individuos.[2] Para contestar esta pregunta, investigadores de los institutos y universidades más importantes del mundo han realizado múltiples estudios con personas de todas las edades y de muy diversos contextos para medir los efectos del entrenamiento de la atención.
En algunas investigaciones los participantes se sometieron a entrenamientos intensivos y en un contexto de retiro, mientras que otras intervenciones fueron más breves y la práctica se incorporó a las actividades cotidianas de las personas.
Los resultados han demostrado consistentemente que la atención es una habilidad que se puede desarrollar con métodos contemplativos, y tanto las áreas específicas del cerebro que se fortalecen como la efectividad del entrenamiento están relacionadas con el tiempo que los individuos los practican.
Efectos del entrenamiento de la atención.
Reduce el estrés, la fatiga emocional y la depresión. A nivel neurológico sabemos que el entrenamiento de la atención fortalece procesos de autorregulación y neuroplasticidad asociados con la reducción del estrés.[7] Por ello, diversas instituciones están integrando estas técnicas como un medio efectivo y accesible para disminuir el estrés y sus consecuencias nocivas e incluso para combatir la fatiga laboral y la depresión.

